Los restos del general Franco serán retirados el 24 de octubre, casi 44 años después de su muerte.

La exhumación del Valle de los Caídos corre el riesgo de reabrir viejas heridas en lugar de curarlas
Son muchos los acontecimientos trascendentales que están teniendo lugar en España en vísperas de las elecciones generales del 10 de noviembre, y mientras que durante la última semana gran parte de la atención de los medios de comunicación se ha centrado, como es lógico, en los disturbios y los enfrentamientos violentos entre manifestantes y policías en Cataluña, al mismo tiempo, parece que por fin la exhumación histórica de los restos mortales del general Franco está programada para el jueves 24 de octubre.

Se había previsto que, tras el rechazo judicial de numerosas objeciones presentadas por los descendientes del ex dictador, el proceso de retirada de sus restos del monumental sepulcro de El Valle de los Caídos se desarrollaría el martes o el miércoles, pero al final ha sido necesario otro ligero aplazamiento debido a las previsiones meteorológicas. La intención es que el contenido de la tumba sea trasladado en helicóptero al cementerio de Mingorrubio, en la acaudalada zona de El Pardo de Madrid, en helicóptero, y con la posibilidad de fuertes vientos y fuertes lluvias en el centro de España en la primera parte de la semana se ha considerado aconsejable un retraso.

Mientras tanto, sin embargo, los preparativos para la exhumación están en marcha y la maquinaria pesada que se necesita para la operación ya está en marcha en el Valle de los Caídos. La Hospedería de la Santa Cruz informa de que el domingo por la tarde se vieron llegar al lugar varias máquinas y se les permitió el acceso: el complejo ha estado cerrado al público desde que los tribunales rechazaron las objeciones finales hace unos días, y ahora se está haciendo todo lo posible para garantizar que el levantamiento de una losa de granito de más de 2 toneladas de peso se realice sin problemas.

Decir que la decisión de sacar a Franco de lo que pretendía que fuera su último lugar de descanso es de interés para el público en general en España sería subestimar el caso, a pesar de que han pasado casi 44 años desde su fallecimiento. La política del gobierno del PSOE, respaldada por la Ley de Memoria Histórica de 2007, pretende rectificar la “anomalía” de haber sido enterrado en el mismo lugar que otras 33.873 víctimas de la Guerra Civil española (1936-39) o de la represión política que la siguió, e impedir que la tumba del dictador sea un lugar de peregrinación y de culto para quienes apoyan su ideología e incluso abogan por el retorno al sistema que él impuso a España.

Pero, por supuesto, al mismo tiempo, la polémica sobre la exhumación ha vuelto a poner en el candelero el tema del franquismo, a pesar de que, sin duda, es también la intención del gobierno de actuar como curandero en relación con las profundas divisiones causadas por la Guerra Civil y la dictadura en la sociedad española.

El primer ministro Pedro Sánchez, que espera ser reelegido dentro de tres semanas, sostiene que el objetivo de trasladar los restos de Franco no es reabrir las heridas, sino cerrarlas, y que cuando se aprobó la exhumación en el parlamento nacional en septiembre de 2018 hubo escenas muy emotivas. Lamentablemente, los 13 meses transcurridos han sido testigos de numerosos conflictos, no sólo con los descendientes del General sino también con algunos elementos de la Iglesia Católica, y las negociaciones con el Vaticano han sido necesarias para allanar el camino hacia la política que se está implementando.

Se han superado las exigencias de un segundo entierro acompañado de todos los honores militares y de que el nuevo cementerio sea la catedral de La Almudena, en el centro de Madrid, pero todavía existen dudas sobre si el traslado de Franco a Mingorrubio disuadirá a la gente de viajar a su tumba y de exaltar al ex dictador y a su régimen.

Mingorrubio

Después de todo, será enterrado junto a su esposa, Carmen Polo, y otros notables enterrados en Mingorrubio son el Almirante Luis Carrero Blanco y Carlos Arias Navarro.

Ambos fueron presidentes del gobierno de Francisco Franco Bahamonde, y sus nombres están grabados en la conciencia colectiva de España por razones muy diferentes. Luis Carrero Blanco fue visto como el probable sucesor de Franco cuando fue asesinado por miembros de la organización terrorista separatista vasca en 1973: tan fuerte fue la bomba detonada bajo su coche que el vehículo fue proyectado en el aire y sobre un bloque de apartamentos al lado. Este asesinato fue el ataque más importante contra el gobierno de Franco desde la Guerra Civil.

Carlos Arias Navarro sucedió a Luis Carrero Blanco y, como Presidente del Gobierno, le correspondió la noche del 20 de noviembre de 1975 aparecer en la televisión nacional cuando se interrumpió la programación normal para hacer la emotiva declaración de cuatro palabras por la que mejor se le recuerda: “Españoles, Franco ha muerto”.

Estos dos hombres entran en la categoría de los pocos cuyos nombres pueden ser mencionados a la mayoría de los españoles sin que se necesite ninguna explicación sobre quiénes eran. Al mismo tiempo, como colegas cercanos del general Franco, sus tumbas ya atraen la atención de numerosos visitantes al cementerio de Mingorrubio, junto con el de Carmen Polo, y es eminentemente posible que con el traslado de los restos del dictador esta semana se conviertan en destinos aún más populares para aquellos que quieran volver al régimen franquista en España.

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